Gustav Meyrink, el escritor ocultista

Fue el autor de una de las novelas más extrañas y sugerentes del siglo XX: El dominico blanco. Su existencia, como la de los personajes que creó, estuvo rodeada de misterios y hechos retorcidos que el propio autor se ocupó de no esclarecer. Versado en ocultismo y misticismo, Gustav Meyrink se erigió prácticamente en un visionario que utilizó la literatura para hacernos ver más allá de la apariencia.

La vida y obra del creador de la celebérrima novela esotérica El dominico blanco, permanecen rodeadas del mismo halo de misterio que los propios personajes que creó. Gustav Meyrink, el “visionario”, el ocultista, el atormentado escritor austríaco, se erige en uno de los autores más relevantes y provocadores para los apasionados del misterio y de la literatura en general. ¿Qué sabía el escritor? ¿Qué ocultaba entre sus miles de páginas llenas de simbología, conocimientos prohibidos, invocaciones a fuerzas malévolas? ¿Fue acaso un iniciado que descubrió las múltiples posibilidades de la existencia durante sus reuniones e ingresos en grupos secretos y ocultistas?

Intentaremos dar una respuesta lo más acertada posible a la verdadera identidad de tan apasionante personalidad. Tarea esquiva y nada sencilla, pues sobre Meyrink se ha dicho de todo, pero lo cierto es que no son demasiados los datos biográficos fiables sobre su persona, pues como otros autores dados a lo mágico, ocultó deliberadamente grandes aspectos de su paso por este mundo.

Nuestro protagonista nacía el 19 de enero de 1868 en Viena, en el Hotel Blauer Bock de la capital imperial. En el registro civil fue registrado como Gustav Meyer, con el apellido de soltera de su madre, la actriz Maria Wilhelmine Adelaide Meyer; su padre, el barón Friedrich Karl Gottlieb, era ministro de Württemberg y decidió no reconocer al niño, pero es probable que contribuyera a su manutención y a su educación.

Su infancia y juventud transcurrieron entre numerosos cambios de domicilio debido al trabajo de su madre, lo que le llevó a comenzar sus estudios en Múnich, continuarlos en Hamburgo y finalizarlos en Praga, la que acabaría siendo su patria espiritual y el escenario de su novela más emblemática. La ciudad mágica por antonomasia del Viejo Continente encandilaría al austríaco hasta un punto cuasi místico.

Un asiduo a los círculos herméticos

En la capital entonces de Checoslovaquia, Meyrink daría rienda suelta a su habilidad para los negocios, fundando la Banca Meyer y Morgenstern; no obstante, su inconstancia y su dificultad para mantener una existencia común harían que dilapidara su fortuna en varias ocasiones. Duelista impenitente, frecuentaba círculos deportivos y literarios de la aristocracia, pero nunca ocultó su antipatía hacia las élites. Al parecer, gozaba provocando a la “buena sociedad”, que lo consideraba un parvenu, un advenedizo o nuevo rico.

Pero yendo a lo que nos interesa, sería a partir de 1891 cuando empezó a mostrar un marcado interés por lo esotérico y lo oculto. Fue ese el año en que Meyrink fundó una logia teosófica cuyo nombre era “La Estrella Azul” junto al místico Karl Weinfurter.

Al año siguiente tomó en matrimonio a su primera esposa, Hedwig Aloysia Certl, y durante los cuatro años consecutivos se sumergió con devoción en los estudios ocultistas, manteniendo una fluida relación epistolar con logias de toda índole. Por el propio testimonio de Gustav, conocemos el nombre de algunas de ellas, como el Ancient Primitive Rite of Masonry, la Societas Rosicruciana –de cuyo Mago Supremo, W. Wynn Westcott, recibiría incluso una carta–, la Orden de los Illuminati, y ya en la década de los veinte, mantendría relación con la Aquarian Foundation y la Weisse Loge, y es posible que con la celebérrima Golden Dawn.

Según el profesor titular de historia de la Universidad Complutense Luis Montiel, se conservan dos documentos importantes en este sentido; uno escrito en inglés en 1893 y cuyo título reza Mandale of the Lord of the Perfect Circle, en el que se hace alusión al “Hermano Gustav Meyer de Praga”, “uno de los Siete Archicensores”, y se le impone el “nombre espiritual y místico” de Kama. El segundo documento que se guarda es una carta de The Royal Oriental Order of Apex and of the Sat Bhai, donde se le impone el nuevo nombre de Theravel cuyo significado, según sus propias palabras, vendría a ser “voy, busco, encuentro”. Toda su vida a partir de entonces estaría marcada por esa relación cercana con lo esotérico y lo hermético. También, por supuesto, su obra literaria, que acabaría siendo una especie de senda iniciática para el autor.

Rebelión Editorial publicó en 2019 el gran clásico del esoterismo de Meyrink: El dominico blanco, puedes ver la ficha del libro aquí.

 

Fuente: espaciomisterio.com