Alexander Pope. Aniversario de su nacimiento. Fragmentos de sus obras

Retrato de Alexandre Pope en la National Portrait Gallery de Londres. Por Mikael Dahl.

Alexander Pope

Nacido en 1688, empezó a escribir poemas en su infancia. Sus Cantos pastorales, publicados en 1709, fueron su estreno oficial en la literatura. Ya con reconocimiento como autor, continuó con obras como Elegía a la memoria de una dama, Eloísa a Abelardo, El rizo robado o Ensayo sobre el hombre. Tradujo La Ilíada y La Odisea y también fue el autor del epitafio de Isaac Newton.

Afectado de tuberculosis y de una malformación física que le marcaron la vida, quiso compensarlo con mucho talento, ingenio y un gran sentido de la amistad. Entre sus amigos estuvieron John Gay y Jonathan Swift, con quienes creó la tertulia Scriblerus Club en Londres.

Algunos fragmentos de sus obras

De Eloísa a Abelardo (comienzo)

De estas hórridas celdas y soledades hondas
en donde la celeste contemplación reposa,
donde reina la real melancolía atenta,
¿qué expresan los tumultos de las vestales venas?
¿por qué mis pensamientos huyen de este retiro?
¿por qué en mi corazón arde el fuego escondido?
la culpa es de Abelardo, si yo amo todavía,
y ha de besar su nombre, todavía, Eloísa.

¡Fatal y amado nombre! permanece el secreto
de estos labios sellados con sagrado mudez;
mi corazón, escóndelo es su íntimo disfraz,
donde mezclado a Dios su amada idea yace;
visible se hace el nombre -ah, no escribas, mi mano-;
íntegro está ya comunicado -¡mis lágrimas borradlo!-
Eloísa perdida, vacuo es que llore y rece,
su corazón aun dicta, y su mano obedece.

Elegía a la memoria de una dama (fragmento)

¡Oh, siempre hermosa, siempre amable!, dime,
¿acaso amar demasiado bien es, en el cielo, un crimen?
¿Tener el corazón demasiado tierno, o demasiado firme?
¿Hacer el papel de romano o de amante?
¿No hay en el cielo una restitución brillante
para los de magnífico pensamiento o valerosa muerte?

El rizo robado (fragmento)

Esta ninfa, formada para ruina
De nuestra humanidad, alimentaba
Dos rizos, que con gracia peregrina
Lindo adorno prestaban
A la nevada espalda en cercos bellos;
Red y cadena al corazón amante;
Y si ver acontece a cada instante
Con la delgada crin prender las aves;Ni, tú, raza imperial del hombre alabes;
Que una dorada trenza le aprisiona,
Y una hermosa blasona,
Que es de su gran poder corto destello,
Al hombre conducir por un cabello.
Los rizos el varón feliz admira,
Observa y calla, y a la presa aspira;
Y resuelto a vencer, la senda allana
Sin la astucia olvidar o fraude insana;
Y muy antes que Febo al mundo dore,
Su corazón ordena que él implore
Al benéfico cielo, y muy piadoso
amor suplica respetuoso.